Los días 17 y 18 de junio se llevó a cabo el Intercambio de Experiencias sobre Producción Agroecológica y Seguridad Alimentaria y Nutricional, una actividad desarrollada en el marco del proyecto “Mejora del estado nutricional de la población en riesgo de inseguridad alimentaria”, impulsado por PRODESSA y la AECID para fortalecer las capacidades comunitarias y promover prácticas sostenibles que contribuyan al bienestar de las familias.
En este espacio, dirigido por el ingeniero agrónomo Mario Tello, participaron beneficiarias del proyecto provenientes de las comunidades Mam Cajolá y La Bendición, del municipio de Champerico, Retalhuleu. Asimismo, se contó con la participación de representantes de ASIAPRODI, Arquitecturas Sin Fronteras y de la Dra. Marisusan Echeverría, del Centro de Atención Permanente -CAP- de Champerico, quienes compartieron conocimientos y reflexiones en torno a los desafíos y oportunidades para fortalecer la seguridad alimentaria y nutricional en las comunidades.
Durante las dos jornadas, las participantes intercambiaron experiencias sobre el trabajo que realizan en sus huertos familiares, compartiendo los aprendizajes, retos y logros alcanzados a través de la implementación de prácticas agroecológicas. Este diálogo permitió conocer distintas estrategias para la producción sostenible de alimentos, el aprovechamiento de recursos locales y la diversificación de cultivos para mejorar la alimentación de las familias.
El encuentro también incluyó espacios de formación y reflexión sobre principios de la agroecología, nutrición familiar, resiliencia climática, gobernanza comunitaria, liderazgo de las mujeres y el papel de los COCOSAN en la promoción de la seguridad alimentaria y nutricional. A través de metodologías participativas, las asistentes analizaron los desafíos que enfrentan en sus comunidades y construyeron propuestas colectivas para fortalecer sus procesos organizativos y productivos.
Uno de los aspectos más relevantes de la actividad fue el reconocimiento del papel fundamental que desempeñan las mujeres en la producción de alimentos, el cuidado de los recursos naturales y la promoción de hábitos alimentarios saludables dentro de sus hogares y comunidades. Los testimonios compartidos evidenciaron cómo los huertos familiares se han convertido en una herramienta para mejorar la disponibilidad y diversidad de alimentos, fortalecer la economía familiar y fomentar una mayor resiliencia ante los efectos del cambio climático.
